El artista falleció este viernes a sus 77 años en su casa de Parque Leloir, tras atravesar la enfermedad de Parkinson, diagnosticada en 2016. Fue líder de la mítica banda Los Redonditos de Ricota y en su último proyecto encabezó Los Fundamentalistas del Aire Acondicionado. En 2017 se había retirado de los escenarios.
Carlos Alberto «El Indio» Solari, uno de los referentes del rock en Argentina, murió esta mañana a los 77 años, a causa del mal de Parkinson que padecía desde hace años.
Según el parte policial, la Unidad Fiscal 2 de Ituzaingó se presentó en su hogar para constatar el deceso del artista y, tras informar las averiguaciones por el causante, consideraron que «nada indica o señala» otro motivo.
Solari fue reconocido como una de las figuras más influyentes y enigmáticas de la historia del rock argentino que alcanzó una dimensión mítica como líder y principal compositor de la banda Patricio Rey y sus Redonditos de Ricota, un fenómeno cultural que se convirtió en un símbolo de independencia artística y convocatoria popular en la década de los ’70.
Tras la disolución de la banda en 2001, el músico se desempeñó como solista y mantuvo una convocatoria multitudinaria en cada presentación junto a «Los Fundamentalistas del Aire Acondicionado».
Entre sus acercamientos más recientes al público, el artista recibió un homenaje por parte de la Universidad de Buenos Aires que le otorgó el doctorado Honoris Causa, con un acto en el Aula Magna de la Facultad de Medicina y el músico envío un mensaje en agradecimiento por la distinción.
En el mismo acto, el guitarrista e integrante de Los Fundamentalistas del Aire Acondicionado, Gaspar Benegas, junto a un octeto de cuerdas, interpretaron diez canciones del Indio, que fueron ovacionados por el público presente.
La reunión fue presidida por el rector de la Universidad de Buenos Aires (UBA), Ricardo Gelpi que definió al intérprete como “un artista que hizo de la originalidad una ética, construyó uno de los lazos más intensos entre un músico y su comunidad que registre la historia cultural del país y, que demostró que la mayor ambición posible no es la fama ni el dinero sino la justificación de una vida entera a través del trabajo”.
Aunque su perfil más reconocido se enfoca en el ámbito musical, desde joven desarrolló intereses vinculados al arte, la literatura y la contracultura.
Con el paso de los años, los recitales de «Los Redonditos de Ricota» comenzaron a ser conocidos popularmente como «misas ricoteras», una denominación surgida por la devoción de sus seguidores y por la capacidad de convocatoria que alcanzó la banda en distintos puntos del país.
Así, en su momento solista, también alcanzó dimensiones inéditas con cientos de miles que abarcaban varias generaciones de seguidores: en 2016, su show en Tandil reunió alrededor de 250.000 personas y, un año después, el recital de Olavarría congregó entre 300.000 y 400.000 asistentes.
El pasado 11 de marzo se cumplió un nuevo aniversario de aquella histórica jornada que terminó por constituirse como el último concierto en vivo de «El Indio» Solari en Olavarría que marcó el cierre definitivo de las peregrinaciones.
Los fanáticos provenientes de todos los puntos cardinales del país se congregaron en el predio rural La Colmena donde se realizó el ritual del apagón general y, con las luces del predio completamente extintas, una introducción instrumental comenzó a sonar a través de las imponentes torres de sonido.
Una historia de amor, de perfil bajo y hasta el final
En el plano personal, Solari estuvo en pareja con Virginia Castro, conocida popularmente como «La Negra Poly», a quien conoció durante el verano de 1.981, se casaron siete años después y tuvieron a su único hijo, Bruno, en el 2.000.
Castro fue una de las principales impulsoras del proyecto artístico de «Patricio Rey y sus Redonditos de Ricota» y se convirtió en uno de los pilares de la estructura desde los primeros años de la banda cuando se desempeñó como representante y administradora del grupo junto a Solari, Skay Beilinson y Rocambole Cohen.
Vínculos dentro del rock nacional y el respeto de los colegas
Entre las entrañables relaciones con las que contaba Solari, el artista mantuvo un fuerte vínculo con Lito Vitale, uno de sus enlaces más conocidos, con quien grabó el disco Escúchame entre el ruido en 2006. Por su parte, León Gieco, Ricardo Mollo y Andrés Calamaro, entre otros intérpretes, mantuvieron una alianza más formal y profesional, que brindaron testimonios de labores compartidos.

